viernes, 12 de julio de 2013

¿Qué nos pasó?

El día de hoy mi cabeza no da para más..

Ha sido una semana agotadora llena de visitas del extranjero, citas con clientes; ir y venir todo el tiempo. Es hora de que el cuerpo y la mente saben que es viernes: viernes de fiesta, viernes de relajación dirían algunos, todo depende del punto de vista y la edad de la persona que lo mencione.

Yo, espero que pasen por mí sentado frente a mi laptop después de un gran día, donde se confirmaron algunas ventas importantes para la compañía, por lo que podré estar tranquilo este fin de semana. Para la próxima semana tengo lunes, martes y miércoles lleno de citas con clientes, y lo más importante es que son clientes nuevos, aquellos a los que les puedes vender una idea, "El secreto está en crear una necesidad al cliente por algo que no necesita realmente" diría un famoso mercadólogo. No recuerdo quién, únicamente recuerdo que lo dijo.

Pero detrás de todo este trabajo me surge una pregunta importante, una que seguramente todo mundo se hace los viernes cuando es momento de estar con su familia: ¿Dónde ha quedado mi vida social? Y me refiero a la vida social de salir con los amigos entre semana, desvelarse viendo películas, jugando videojuegos, hasta yendo a una fiesta en jueves... un juevebes cualquiera.

Al parecer se han vuelto en nuestra contra todas estas actividades y se han convertido en horas de sueño, horas de preocupación por llegar al otro día al trabajo, horas de insomnio dando vueltas en la cama, horas de angustia y a la vez de confusión, de no saber cómo afrontar un problema.

¿En qué momento se volvió tan seria la vida? ¿En dónde están los momentos donde uno se podía equivocar, "sacaste 70, no importa, pasaste", "se ponchó el balón, trae un frutsi", "te cambio mi Hot Wheels por tu GI Joe".


Al parecer esos momentos se han quedado atrás y tristemente no los volveremos a vivir. 

Ahora, para la mayoría de nosotros fue primero terminar una carrera para "ser alguien en la vida", luego fue conseguir un trabajo para poder crecer profesionalmente y seguir subiendo la "escalera del éxito", una escalera que nuestros padres les encanta citar en las conversaciones con otros adultos. Algunos decidimos ir mas allá y estudiamos una maestría para "subir más fácilmente en la organización", mientras que otros nos aventuramos a poner nuestro propio negocio. Es fascinante ver cómo le cambia la mirada al emprendedor cuando alguien le pregunta: "¿y tu güey, de qué trabajas?"; "tengo mi propio negocio". 

Responsabilidades, responsabilidades y más responsabilidades...

En mi cuarto aún guardo algunos carritos que me han regalado mis padres, y algunos monos que también he recibido de obsequio. Creo que siempre seré un niño por dentro, y me gusta pensar que así será.

Por lo pronto; hoy espero a que pasen por mí mientras escribo estas líneas, veré amigos que no veo hace mucho tiempo y estaré feliz de compartir y recordar momentos de la infancia, riendo como un niño con sus juguetes nuevos; pensando que alguna vez, esa felicidad que sentiré el día de hoy, puede volver a estar presente en cada momento de mi vida.


fEtO

No hay comentarios:

Publicar un comentario